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SOCIEDAD

01/09/2026

"Estoy lista para llevar a su hijo en mi panza": la lección de amor de una hermana que gestó a su propio sobrino

"Estoy lista para llevar a su hijo en mi panza": la lección de amor de una hermana que gestó a su propio sobrino

Fuente: Netfan Servicios

Leonel Videtta y Matías Pulido se conocieron cuando todavía no existía el matrimonio igualitario. Decidieron ser padres a través de la gestación solidaria y Bárbara, la hermana de Matías, se ofreció a llevar a Bastián en su vientre. Hoy crían a su hijo con la verdad como estandarte

Con Bastián corriendo de un lado a otro y mostrándole sus muñecos a quien quiera verlos, Leonel Videtta y Matías Pulido se hacen un espacio para echar la vista atrás. En el medio de la rutina de un día cualquiera en su casa, repasan cómo comenzó todo en 2009, en una época muy distinta a la actual.

—Recién existía el Facebook —comienza relatando Matías—. El MSN a full y nos conocimos en una reunión de teatro con amigos en común y ahí empezó un poco toda la aventura. Leo cuidándome porque había tenido un accidente en el pie y con un poco de mimos pegamos onda.

—Él estaba esguinzado. Yo me hacía el médico y le dije "tenés que levantar un poco el pie y ponerlo en la silla con un almohadón así se te cura más rápido". Ni idea —aclara Leo entre risas mientras comparte un mate con su pareja—. Se ve que eso lo conquistó y me agregó en el Facebook. Y ahí empezó: aceptar el Facebook en ese entonces era empezar a hablar y el MSN. Y me llamó a mi teléfono fijo. ¡Qué viejo!

—Ya lo venía fichando. Me gustaba, pero me hizo remar un poco, ¿viste? No fue tan fácil —acota Matías.

—Estuvimos como un mes conociéndonos. Fuimos al cine, gastando los mensajes que cortábamos en ese momento para que no se pase a dos, cortabamos las palabras —recuerda Leo, contextualizando cómo se comunicaban en aquella época—. Pero me parecía interesante conocerlo. Yo siempre como que quería formar una familia, me interesaba ese lado de las personas y conocer más que por ahí avanzar por otros espacios. Todavía yo no lo había contado a mi familia porque en ese entonces, imagínate, no había matrimonio igualitario... era otro momento de la sociedad argentina. Ya sabía en mi interior que me gustaba ese estilo de relación.

Leo recuerda cómo fue contarle a su familia que estaba empezando una relación con Matías y cuál fue la estrategia que utilizó: "Venía tratando de experimentar un poco lo que me estaba pasando. De hecho, como dice Mati, yo recién lo pude contar a mi familia una vez que me pude sentir seguro con su familia y con la relación. Y lo conté por mail con letra invisible, o sea en blanco, y le puse: "Ma, si querés saber la verdad tenés que subrayar todo". Y ahí le contaba toda mi historia, cómo lo conocí a Matí y a su familia. Y bueno, lo subrayó.

Tras doce años de noviazgo, varios de convivencia y la idea de formar una familia, la pareja sintió que era el momento de dar el sí en el altar y encarar formalmente el proyecto más grande de sus vidas: convertirse en padres.

—Nos casamos en 2021, estuvimos de novios desde 2009 hasta ahora. Son 17 años —recapitula Matías sobre los cimientos del hogar—. Al año y medio nos fuimos a convivir y ahí empezó la aventura también de ir superando un montón de cosas con respecto a nuestra relación. A Leo le costó un poquitito más que a mí. Yo por ahí tenía el camino un poco más allanado. Leo lo fue allanando creo que en conjunto con lo que íbamos viendo día a día. Y bueno, en 2021 nos casamos, dimos el paso. Empezamos a hablar de la idea de la familia en 2019 o 2020, estábamos en medio de la pandemia y es un deseo que siempre estaba más presente en Leo que en mí y de a poco lo fue contagiando, pero teníamos que estar era seguros de lo que queríamos hacer y vencer nuestros tabúes. Algo que él me decía: "Yo no puedo encarar una familia si no estoy orgulloso de quién soy y lo que soy, porque ¿cómo puedo criar a una persona si todavía no estoy orgulloso de mí?" —agrega Mati mirando alrededor de la habitación—. Hicimos un trabajo juntos, de acompañarnos, de vencer un montón de prejuicios, de enfrentarnos a un montón de cosas que por ahí hasta ese momento no queríamos, para sentirnos seguros de nosotros. Y una vez que logramos esa seguridad, dimos rienda suelta y empezamos a averiguar cómo podíamos tener un hijo, que era un segundo tema.

Al principio, la adopción parecía el camino más lógico. Sin embargo, pronto se enfrentaron a una realidad compleja donde el prejuicio hacia las parejas homosexuales todavía se encuentea presente. Sumado al peso de ver a parejas amigas esperar durante años sin certezas, decidieron abrir el abanico hacia alternativas como la gestación solidaria.

—Empezamos como todos, a ver si existía la facilidad de la adopción —menciona Leo—. Siempre hay fantasmas de la adopción con la diversidad, pero no era algo que nos impidiera seguir avanzando. En un momento vi al grupo que se llamaba Gestación Solidaria en Argentina y a dos papás hablando en la televisión. Nadie lo había hecho todavía en Argentina, pero decíamos: ¿Por qué no? ¿Por qué no empezar a ver qué existe en Argentina? Y empezamos a investigar que había un decreto que existía en CABA. Y ahí con esa facilidad empezamos a investigar qué estudios había que hacer, cómo era, quién podía ser la gestante. Nosotros siempre tuvimos presente y seguro de que la gestante tenía que ser del vínculo.

—En mi caso me generó dudas o capaz quizás un preconcepto que tenga de la adopción de casos que tarda mucho —confiesa Matías mientras Basti juega detrás—. Quizás no estaba tan errado en ese momento y me parecía un proceso más desgastante que emprender lo que es una subrogación de vientre solidario, como hicimos nosotros, porque siempre tuvimos en cuenta que lo queríamos hacer con alguien del vínculo. En nuestro caso era como una de las condiciones que pusimos apenas empezamos a investigar esta posibilidad.

Decididos a recorrer el camino de la gestación solidaria dentro de su círculo más cercano, Leo y Matías comenzaron a abrir su corazón con la gente querida. La reacción de sus amistades superó todas las expectativas: lejos de encontrarse con dudas o distancia, hallaron una red de contención inmediata y un ofrecimiento lleno de generosidad que terminó de darles el empujón que necesitaban.

—Contamos las dos alternativas que estábamos en proceso a algunos amigos —relata Leo— y una amiga, Ceci, cuando le contamos un poquito qué era la gestación solidaria, armó un grupito de WhatsApp, puso "pancita" y nos dijo: "Chicos, yo quiero ser la gestante de su hijo o su hija". Entonces ella fue el motor. Nosotros le contamos la idea de los dos procesos, la adopción y la gestación, y ella automáticamente dijo: "Yo quiero ser la panza, quiero llevar a su hijito adentro de mi panza. Ustedes son mi familia". Empezó a tirar información: "Encontré esto, encontré esto", y ahí empezamos a hablar. Llegamos con ella bastante avanzado el proceso, pero a ella le salió mal un estudio dentro de los protocolos y nosotros decidimos que si había algún peligro o algo en la salud, preferíamos no hacerlo. La gestación solidaria que hoy está vigente en Argentina o en el momento en que nosotros lo empezamos a hacer, decía que una persona del vínculo podía gestar al hijo o la hija, y el decreto que existe en CABA dice que no importa quién gesta, sino quién tiene intención de ser padre o madre. Esa es la clave fundamental del decreto: le da el apellido a quienes tienen intención de ser papá y mamá.

—Si ella no lo hubiera propuesto, creo que nosotros no se lo hubiéramos pedido de una, porque en realidad estábamos bastante perdidos, no teníamos un norte claro —reflexiona Matías—. Lo que sí estábamos seguros era de que lo queríamos contar, porque ese era un consejo que nos habían dado: "Cuéntenlo en el círculo más íntimo que tengan, porque siempre hay alguien dispuesto por un acto de amor y los va a sorprender".

Aunque el proyecto parecía haberse detenido por un momento, el deseo de ser padres seguía intacto. Lo que no imaginaban era que el impulso definitivo vendría de la mano de la hermana de Matías.

—En ese momento, cuando pasó lo de Ceci, la hermana de Mati nos dice: "Qué locura hermosa la de Ceci. Yo no podría porque no sé cómo poder diferenciar lo que va a ser, pero la verdad que la admiro, es una genia", dijo en su momento —cuenta Leo—. Y pasó un año creo desde el proceso de Ceci hasta que viene la pandemia y nos hace una videollamada Bárbara, la hermana de Mati, y nos dice: "Chicos, ¿ustedes todavía quieren ser papás? ¿Están en ese proceso?". Habíamos abandonado un poquito el proceso, pero sí, las ganas de ser papás estaban desde el primer momento. Y dice: "Bueno, yo hoy siento que estoy preparada para llevar a su hijo en mi pancita. Si ustedes quieren, a mí me encantaría".

—Mi hermana y yo no somos muy expresivos, casi nada te diría —explica Matías para graficar la sorpresa de aquel llamado en su hogar—. Ya que nos haya llamado era algo raro, como diciendo qué raro mi hermana que me llama en este momento. Teníamos la conversación como hablando de mi mamá o lo que sea, pero que ella me llamara particularmente era algo que no sucedía siempre. Estábamos en una tarde en casa, en la cama mirando la tele, no estábamos haciendo nada en particular y nos llama y nos tira la noticia bomba por videollamada. Si para mí era extraño, imaginate al afuera cómo contarlo, cómo decirlo, cómo evacuar dudas, porque hay un montón de preguntas que la gente empezó a hacerse una vez que nosotros contamos que era mi hermana, precisamente.

El ofrecimiento de Bárbara inauguró una etapa de nueve meses marcada por el cuidado, la contención y una madurez admirable. Durante todo el embarazo, los límites estuvieron claros y el respeto por el lugar de cada uno se mantuvo intacto.

—Nosotros no podemos más de agradecimiento con ella —enfatiza Leo— Todo el proceso de embarazo ella misma lo tomó como gestante, que no es ni poco ni mucho, es gigante. Pero digo, remarcar eso porque ella no iba a ningún proceso sola, no iba a ningún estudio sola. Los estudios nos llegaban a nosotros, si le llegaba alguno lo dejaba cerrado, no lo miraba. Nos llamaba: "Chicos, llegó el estudio. ¿Pero lo abriste, Bar? No, no es mío, es de ustedes". En ese momento, por ahí, no dejaban pasar a dos personas, entonces Bárbara decía: "Bueno, entonces haceme acá afuera el estudio porque a mí no me interesa, tienen que pasar los papás, no yo". Ella siempre nos hizo respetar muchísimo nuestro lugar y la verdad que fue con ella un proceso hermoso.

—Siempre estuvo claro todo y ella nos dio la seguridad también que nosotros necesitábamos, porque es una tarea re difícil —agrega Matías—. Esto que contaba Leo, el hecho de que ella no abra los estudios, que nos acompañara en todo, que pidiera que estemos siempre nosotros, nos daba esa seguridad y esa tranquilidad, porque también hay fantasmas que uno empieza a preguntarse cuando el embarazo se está llevando, cuando ves que la panza crece, hay muchos sentimientos de por medio que podrían mezclarse. La verdad que mi hermana fue como ejemplar en eso. Siempre estuvo segurísima de lo que estaba haciendo, de que era un acto de amor para nosotros y de la voluntad procreacional, que ella no la tenía. La voluntad procreacional era nuestra y es un acto de amor enorme.

La noticia del resultado positivo significó el cierre de una etapa de búsquedas para inaugurar una completamente nueva. Con la certeza del embarazo, la casa se llenó de una expectativa hermosa, pero también aparecieron de golpe los miedos inevitables de cualquier padre primerizo.

—A mí se me despertaron todos los miedos que pueden existir en el mundo —se sincera Leo riéndose de su propia reacción—. O sea, no tenía ninguno y me aparecieron todos los miedos de todo: tiene tos, tengo miedo, tiene fiebre, tengo miedo. Todo. Se me despertaron todos los miedos que ahora los estoy trabajando para que no me pase. Pero sí, hay un montón de situaciones que te despiertan temores que no sabías que existían. Viste esa adrenalina de una vida que sí es la tuya por ahí no te da tanto miedo, pero sí es la de otro que depende de vos. Aparte él tuvo algunos episodios que por ahí tuvimos que salir a la clínica y demás y nada, es como se te pasan 20.000 cosas. Es un proceso que hay que trabajar para preocuparse, pero más que nada ocuparse.

Crecer como familia diversa también implicó chocar contra estructuras institucionales que avanzan más lento. La rutina con un bebé recién nacido los enfrentó a desafíos que la pareja asumió sin enojo, pero con la firme certeza de que todavía falta mucho por transformar.

—Un poco lo que se habla en la sociedad, que el instinto es solo maternal, que el sexto sentido es solo maternal, que por ahí nosotros no íbamos a conectar y que por estar en la panza de ella nuestro vínculo no sería el mismo —reflexiona Leo—. Después te vas cruzando con un montón de cosas. Te regalan hasta el bolso maternal; vas al jardín, el jardín maternal; el plan de nuestra obra social, el plan maternal, que es hermoso pero no nos incluye. Entonces, esas luchas que por ahí antes las pasabas o no te dabas cuenta de que existían, era algo natural decir "el plan maternal, el jardín maternal" y cuando empezamos nosotros a vivir y a transitar un poquito todo ese proceso, nos dimos cuenta de que claro que faltaba un montón todavía.

—Basti ya está escolarizado, ya está en el jardín, tiene compañeritos, es totalmente integrado como cualquier otro niño y nos llevamos súper bien con todas las familias —cuenta Matías con orgullo—. Eso nos relajó un montón. A veces es por desconocimiento de la sociedad, a veces es por ciertos comentarios malintencionados que pueden haber y que los hay, lo que uno siempre trata es, por un lado, protegerlo y por el otro lado no quiere protegerlo. Es como una dicotomía: lo quiero proteger, pero a la vez sabés que tiene que salir al mundo y tiene que romper esa burbuja y él también va a tener que enfrentarse a todas esas cosas. Por eso queremos que siempre esté súper seguro de su historia. Nosotros le contamos siempre todo, él sabe absolutamente todo. Obviamente a su edad y a lo que necesita ir sabiendo, pero no se le oculta nada. ¿Dónde estuviste vos? —le pregunta Matías a Bastián, que juega con Leo.

—En la panza de la madrina Bárbara —responde Bastián con timidez.

—O sea, él sabe perfectamente todo y nos damos cuenta de que también muchos de los miedos son nuestros —continúa Matías—. Él tiene una mejor amiga que tiene dos mamás que se llama India, que siempre nos juntamos, pero también le demostramos toda una realidad. Nosotros como familia diversa nos gusta que él conozca todos los tipos de familia: de dos mamás, dos papás, de mamá y papá, de abuelo, de tía. Él sabe todo.

—Él te dice los tipos de familia que hay —acota Leo—. Siempre estamos jugando con los juguetes y decimos: "Bueno, esta familia de jirafas tiene una mamá y un papá. Este elefante tiene dos papás". Jugamos un montón con eso porque él tiene que saber los diferentes tipos de familia que existen.

Para cerrar el encuentro en el sillón del living, el balance de la pareja se enfoca en lo importante: la certeza de ofrecerle a Bastián un entorno de amor incondicional y el valor de seguir abriendo caminos en la sociedad.

—Yo creo que hay un avance en la sociedad con respecto a estos temas, pero también cuesta porque uno cuando logra esos avances es porque alguien visibiliza —sintetiza Matías—. A nosotros nos pasa que visibilizamos, nos encanta, pero hay un montón de familias que están atrás que dicen: "Chicos, dale, sigan adelante", porque no todo el mundo quiere exponerse a eso y la única manera es: "Hola, acá estoy", porque si no se ve, no se conoce, y si no se conoce, no existe. Es la única manera de seguir con avances en la sociedad. Hay un montón de avances. ¿Hubo con respecto a 20 años atrás? Sí, pero todavía falta.

—Sí, de hecho, hace un tiempito fuimos de vacaciones acá en Argentina —ejemplifica Leo sobre las miradas del entorno— y nosotros estábamos con Basti a upa, los bolsos, y fuimos con una pareja de amigos heterosexual. Ellos estaban sentados en el sillón esperando su habitación y nosotros habíamos pasado primero para que nos den la habitación. Y nos dicen: "Bueno, la cuna para el bebé se la pongo en su habitación", y mira a la pareja heterosexual y le pregunta a ellos. Y nosotros estabamos con el bebé, con los bolsos. Entendemos que sigue el cambio y que hay que seguir avanzando y no decimos nada, pero la realidad es que hizo todo un trabajo de relacionar al niño con la pareja heterosexual y no con nosotros.

—Que las familias diversas existimos, estamos, trabajamos, tenemos las mismas falencias, los mismos errores y los mismos aciertos que cualquier otro tipo de familia y que Basti es un niño feliz y que no le falta nada, sobre todo, porque siempre está ese comentario de "A Basti le falta algo", y a él no le falta nada. Él tiene por dos lo que otro nene tiene por uno o que otro nene quizás no lo tiene, y él en este caso acá tiene por dos, pero no hay una carencia de nada. Él es completamente feliz y lo amamos.

Fuente: Netfan Servicios